Celebramos el 40 aniversario de AES

Cuando, desde la junta directiva, nos planteamos organizar un acto para conmemorar los 40 años de nuestra asociación, sabíamos que no era una celebración cualquiera. Celebrábamos mucho más que un aniversario. Celebrábamos un proyecto colectivo que, durante más de cuatro décadas, ha consolidado a AES como un espacio de encuentro multidisciplinar, plural, abierto y riguroso, como demuestran las 45 Jornadas de Economía de la Salud que celebramos este año en Sevilla. A esto se unía que nuestra beca de investigación también cumplía años, nada más y nada menos que 35.

El evento pretendía ser una oda de agradecimiento a todas y cada una de las personas que han aportado su conocimiento, compromiso, ilusión e incluso frustraciones para con AES, porque estos sentimientos demuestran que AES importa y merece la pena. Hemos construido algo que va más allá de una asociación científica formada por excelentes profesionales. AES es también una comunidad de personas de enorme calidad humana, unidas por hilos invisibles y un objetivo común.

Para este emotivo acto tuvimos la suerte de contar con algunas de las personas que contribuyeron a dar los primeros pasos de la economía de la salud en nuestro país. Cuatro de nuestros primeros presidentes nos prestaron su memoria y corazón para recordar —para los más jóvenes, conocer— los inicios de AES.

Esta entrada resume las principales reflexiones compartidas por ellos, y da acceso al vídeo conmemorativo de nuestro 40 aniversario. Una oportunidad para recordar de dónde venimos y seguir construyendo el futuro que queremos para AES.

Cuatro de los presidentes de AES en el 40 Aniversario AES: Pepe Martín, Juan Cabasés, Lluís Bohígas y Carles Murillo.

Lluís Bohigas, primer presidente de AES (1986-1987)

Crear una asociación mixta entre economistas y sanitarios en 1986 no era fácil: Economía y Salud eran dos categorías contrapuestas. Los médicos tenían asociaciones profesionales basadas en la superespecialización, mientras que los economistas acudían a asociaciones basadas en cátedras o especialidades académicas. Creamos AES tras haber organizado seis Jornadas en Barcelona, Bilbao, Madrid, Sevilla, Lisboa y Valencia, con una serie de voluntarios y el apoyo de los colegios de economistas. Tuve el honor de presidir esa primera Junta.

Nuestro primer objetivo era la mera continuidad de las Jornadas. El segundo objetivo era fomentar el conocimiento en economía de la salud, y por esto invitamos a muchos expertos extranjeros a nuestras jornadas. También queríamos lograr una sociedad pluridisciplinaria que permitiera superar los límites metodológicos de cada ciencia. No se trataba de una sociedad de economistas de la salud, sino de economía de la salud.

El cuarto objetivo era formar una comunidad, por esto pusimos en marcha un boletín y se procuró que cada encuentro fuera una fiesta. El quinto objetivo fue hacer de AES una sociedad muy participativa, y por eso se promovía la renovación anual de un tercio de la Junta. Es un éxito que 80 socios hayan participado en algún momento en la Junta, de los cuales 20 han sido presidentes. Nuestro sexto objetivo era participar en la definición de la política sanitaria.

Me alegra mucho que AES, 40 años después, no sólo siga viva, sino que tenga una hoja de servicios excelente, organizando muchas actividades y con unas cuentas económicas positivas.

La primera Junta Directiva de AES estuvo formada por Txomin Uriarte, Francisco Zamorano, Joan Rovira (EPD), Norberto Sanfrutos, Vicente Ortún, Amparo Fuertes, Juan Cabasés, Pilar Coll, José Luis Ruiz, José Luis Martínez Zahonero y Lluís Bohígas.

Juan Cabasés, presidente de AES entre 1990 y 1992

Durante los años 70 del siglo pasado, siendo la sanidad el mayor componente del gasto social, apenas recibía la atención de los economistas académicos. Así elegí el tema de la investigación que me acompañaría a lo largo de toda mi vida profesional, con la conciencia de que las decisiones colectivas deberían estar siempre bien informadas.

En Europa, Alan Williams, Tony Culyer y Alan Maynard eran referentes en la disciplina y seguimos sus enseñanzas y el método seguido en sus reuniones: presentación por un discussant de los trabajos presentados, breve reacción de los autores y debate posterior, todo ello en un tiempo limitado. Así surgió la idea de las primeras jornadas de AES en diciembre de 1980 en Barcelona y este fue su formato. Frente a quienes hubieran querido que AES fuera ya una realidad en 1980, algunos abogaban por esperar a que el grupo estuviera algo más consolidado, con más formación, tesis doctorales defendidas, posgrados en el extranjero, etc. Pronto hubo un grupo bien preparado. La economía de la salud en España se había hecho más académica.

Hemos avanzado una inmensidad desde entonces. Somos centenares de economistas y gestores sanitarios y de la salud pública dedicados a la investigación sobre la mejora de la salud. La eficiencia y la equidad, y las metodologías para analizarlas, son los criterios que siguen presidiendo nuestra tarea. Pero hay que continuar.

Es importante valorar los resultados de nuestro esfuerzo investigador y hacerse las preguntas correctas. Por ejemplo, deberíamos revisar el estado del conocimiento en España de la valoración de los costes y efectos de las tecnologías sanitarias. ¿Tenemos capacidad de obtener los indicadores de salud que permiten obtener AVAC? ¿Cómo podemos calcular el índice de bienestar con utilidades para España?

Hay otros muchos temas donde AES tiene un papel relevante. El Sistema Nacional de Salud está pidiendo a gritos una transformación de los servicios para dejar atrás la administración y sustituirla por la gestión. La tarea es inmensa. Además, una buena gobernanza de la sanidad precisa de gestores profesionales y de una regulación específica para su selección, atribuciones, condiciones de empleo y cese, reconocimiento de trayectoria directiva, código de conducta y evaluación de resultados, adaptada a cada situación y tomando como referente las prácticas de los sistemas sanitarios más ejemplares. Los ciudadanos deberían tener voz en las decisiones que les afectan, participando con carácter decisorio en todos los órganos de gobierno. Todos ellos son ámbitos de trabajo para AES.

Pepe Martín y Juan Cabasés.

Pepe Martín, presidente de AES en el periodo 1994 – 1995

Cuando uno mira retrospectivamente las cuatro décadas transcurridas desde los inicios de AES hasta hoy, es difícil evitar un sentimiento de alegría y júbilo. Lo que comenzó siendo una apuesta de un pequeño grupo de jóvenes profesionales fascinados ante el aparente oxímoron de integrar economía y salud, es actualmente una asociación sólida articulada en toda España con cientos de profesionales activos, y una notable incidencia académica e institucional.

En mi experiencia personal, esta satisfacción por los logros se acompaña de un intenso sentimiento de gratitud por lo mucho que la Asociación me ha aportado: información, conocimiento y, especialmente, amigas y amigos mucho más allá de las relaciones profesionales.

Pero lo mejor está por llegar, y el futuro, como siempre, amenaza y promete simultáneamente. En los albores de una revolución tecnológica disruptiva muy intensa y acelerada que impacta de lleno en la salud y la economía de las poblaciones, AES puede y debe ser un referente para profesionales, gestores, académicos y responsables políticos sobre cómo abordar los desafíos de los sistemas sanitarios en los próximos años. Una brújula técnica y ética para transitar el futuro próximo, con el objetivo de mejorar la salud y el bienestar de las personas.

Carles Murillo, presidente de AES entre 1995 y 1998

Cuando la presidenta de AES, Pilar Pinilla, me propuso participar en la celebración de los 40 años de AES, sentí un hormigueo interior que atribuía a una mezcla de sensaciones y recuerdos de mi participación en la asociación. Preparé mi intervención, convencido de que el presente y el futuro de un fenómeno se entienden mejor repasando la historia y, en particular, sus orígenes y desarrollo. Me pregunté a mí mismo qué es lo que hizo que un económetra aterrizara en el terreno de juego de la economía de la salud. La respuesta me condujo a una situación concreta y dos nombres propios: el traspaso de competencias en sanidad y servicios sociales a Catalunya y a Juan Josep Artells y Lluís Bohigas. A partir de este momento dediqué mi tarea de investigación aplicada a distintos aspectos relacionados con el sector y participé activamente en la vida de AES. Debuté en las jornadas celebradas en Sevilla en 1984 y formé parte de la junta directiva en el período entre 1986 y 1988, asumiendo la presidencia durante tres ejercicios.

He tenido la oportunidad de saborear de nuevo el desarrollo de las jornadas de AES y he llegado a la conclusión de que la asociación está más activa que nunca y que tiene por delante un futuro prometedor. Me interesa, en este sentido, destacar el relevo generacional que garantiza que la asociación sigue atrayendo talento joven, con una formación sólida y de calidad que, junto a los compañeros habituales en tantas jornadas, hace posible una convivencia profesionalmente interesante y socialmente enriquecedora, a la vez que de gran valor y riqueza en las relaciones personales. Estos matices hacen que los intangibles superen al significado —no menos importante— de las cifras de asistentes y contribuciones presentadas a lo largo de los días que duran las jornadas.

Uno de los aspectos que más valoro de AES es su espíritu abierto a los distintos enfoques con los que se aborda el diagnóstico y las propuestas de tratamiento del sistema de salud. La multidisciplinariedad, por lo que supone de respeto a las ideas y puntos de vista de cada uno de los investigadores, es un valor en sí mismo, pero agrega también la necesidad de salir de la zona de confort y comprender que la realidad es tremendamente compleja e inestable, incierta y en evolución continua, y todo esto requiere actuar con destreza y agilidad para ir cambiando el sistema de luces del vehículo investigador pasando de las luces cortas a las largas de manera prácticamente continua. Estoy convencido de que esto se hace y se seguirá haciendo en AES.

Lluís Bohígas y Carles Murillo.
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