Lo que aprendimos sobre la eConsulta en el XV Taller EvaluAES: evaluar un despliegue que nunca fue un ensayo

El grupo EvaluAES mantiene desde hace años una vocación clara: ofrecer un espacio donde la evidencia, la evaluación y la interpretación crítica puedan encontrarse sin prisa y sin ruido. Cada Taller es, en ese sentido, una oportunidad para revisar cómo entendemos los sistemas sanitarios y cómo los analizamos, más allá de las urgencias del día a día. Quienes deseen contribuir a esta conversación están invitados a enviar sus propuestas al XVI Taller EvaluAES, cuyo call for abstracts ya está abierto. El encuentro tendrá lugar el 12 de febrero de 2027 en la Universidad de Castilla‑La Mancha, en Toledo.

Esta contribución recoge la presentación y discusión del trabajo presentado por Toni Mora (Institut d’Avaluació de Polítiques Públiques – Universitat Internacional de Catalunya) y comentado por Alessio Gaggero (Universidad de Granada) en el XV Taller EvaluAES, celebrado en Granada el pasado febrero de 2026. Un trabajo que entra sin pedir permiso en la discusión sobre cómo la teleconsulta reorganiza la atención primaria y obliga al sistema a aprender —y a aprender rápido— si quiere seguir siendo eficiente.

Presentación por Toni Mora:

Este trabajo existe gracias no solo al proyecto FLASH sino también a una casualidad administrativa. Cataluña no encendió la eConsulta de golpe, la fue activando centro a centro entre 2015 y 2023, sin un calendario común. Si todos hubieran arrancado el mismo lunes solo podríamos contar lo que pasó después; con un despliegue desordenado siempre quedan centros que aún no la tienen y que sirven de comparación. Lo que para la gestión fue un incordio, para la evaluación es una oportunidad, y este es el trabajo que, realizado junto con Catia Nicodemo(IDIAP Jordi Gol, University of Oxford y Brunel University of London) y David Roche (IRAPP-UIC), presenté en el XV Taller EvaluAES.

¿Qué sabemos sobre el efecto de la teleconsulta?

Circulan dos historias incompatibles. En la primera, la teleconsulta sustituye visitas presenciales, descongestiona agendas y ahorra desplazamientos. En la segunda no sustituye nada: se añade a lo que ya había, abre una puerta de entrada barata al sistema y acaba generando más contactos y más coste. Las dos son plausibles y la evidencia previa, muy marcada por la pandemia —cuando todo el mundo se digitalizó a la vez y no había con quién comparar—, rara vez permite separarlas. Nuestro periodo de observación empieza cinco años antes de la COVID, y eso ayuda.

Datos y metodología

Trabajamos con los contactos asistenciales de 6,58 millones de personas atendidas en 375 centros de atención primaria a lo largo de 108 meses. La comparación básica es entre centros que ya tienen eConsulta y centros que todavía no. La ejecución, en cambio, es menos inocente de lo que parece: la herramienta clásica —una regresión con efectos fijos de centro y de trimestre—, aplicada a un despliegue escalonado, termina usando a los centros tratados hace años como grupo de control de los que acaban de entrar. Si el efecto cambia con el tiempo, ese promedio incorpora pesos negativos y puede salir incluso con el signo cambiado. Usamos, por tanto, el estimador de Callaway y Sant’Anna (2021), que compara cada cohorte de centros solo con quienes aún no han sido tratados, y examinamos la sensibilidad del supuesto de tendencias paralelas siguiendo la guía práctica de Baker et al. (2026).

Figura 1. Trimestre de activación de la eConsulta en cada centro de atención primaria de Cataluña, 2015–2023.

Lo que estamos midiendo en realidad

La parte que más me costó ordenar antes de subir a la sala no fue el estimador, sino el estimando. No medimos el efecto de usar la eConsulta, sino el de que el centro la ofrezca. Entre una cosa y la otra hay tres decisiones encadenadas —el centro se activa, el profesional decide proponerla, el paciente acepta— y solo la primera es ajena a las características del paciente. Además, cuando un centro se activa cambia la forma de trabajar de sus profesionales con toda su población, también con quien nunca abre la aplicación; ese contagio interno cierra los atajos habituales para recuperar el efecto del uso individual. Nos quedamos, pues, con el efecto de la disponibilidad: más modesto, y el único que responde a la pregunta que un sistema sanitario sí decide.

Toni Mora (IRAPP-UIC) presentando su trabajo en el XV Taller EvaluAES

Resultados

Un paciente hace 0,885 visitas presenciales de atención primaria por trimestre. Tras la activación, la caída media ronda el 1,7% de esa cifra —unas 60 visitas menos al año por cada mil pacientes— y pierde la significación estadística en cuanto los errores estándar se agrupan donde realmente se asigna el tratamiento: los centros, unos 370, y no los millones de pacientes. Lo que queda en pie es la dinámica. El efecto asoma hacia el quinto trimestre y es significativo en el séptimo y el octavo: la sustitución existe, pero es lenta. El coste de atención primaria no sube de forma apreciable. Y cuando miramos si el ahorro se pagaba por otro lado —urgencias, ingresos hospitalarios, visitas al especialista, coste total del sistema— no encontramos ningún efecto medio significativo.

¿Y para quién? Una regla de decisión

Si el promedio es modesto, la pregunta interesante pasa a ser de reparto. La segunda parte del trabajo entrena una regla de decisión mediante aprendizaje por refuerzo sobre el histórico de contactos: recomienda la teleconsulta en torno a un tercio de los trimestres-paciente, concentrada en adultos de mediana edad con morbilidad moderada-alta. Lo dije en Granada y lo repito aquí: no es una regla para llevar al mostrador mañana. Es una hipótesis bien construida sobre a quién conviene dirigir el servicio, y merece un ensayo antes que un despliegue.

Implicaciones, y lo que me llevé de Granada

Resumido de una vez: sustitución lenta, coste neutro y sin daño detectable. Para una intervención desplegada a escala poblacional sin ensayo previo, «no hemos roto nada y algo sustituimos» es bastante más de lo que suele poder demostrarse. El formato del Taller ayuda a llegar hasta ahí: una jornada, cuatro trabajos y un comentarista asignado a cada uno —en nuestro caso, Alessio Gaggero (Universidad de Granada)— garantiza que alguien se ha leído el trabajo entero y que la discusión no se queda en la pregunta amable. Volví con una impresión poco habitual en un congreso: aquí, decir en voz alta que un resultado es más frágil de lo que a uno le gustaría suma en vez de restar.

Comentarios por Alessio Gaggero:

Participar como comentarista en el XV Taller EvaluAES me permitió mirar el trabajo de Toni Mora y colegas desde una posición especialmente útil: no solo preguntarme si la eConsulta “funciona”, sino precisar qué significa exactamente funcionar en un sistema sanitario.

El estudio aprovecha el despliegue gradual de la eConsulta en los centros de atención primaria de Cataluña. Esa variación permite comparar centros que ya disponían de la herramienta con otros que todavía no la habían incorporado, utilizando métodos adecuados para adopciones escalonadas, como el estimador de Callaway y Sant’Anna. El resultado principal es prudente, pero importante: la sustitución de visitas presenciales existe, aunque tarda más de un año en aparecer con claridad. No se observa, además, un aumento apreciable de los costes ni un desplazamiento hacia urgencias, hospitalizaciones o atención especializada.

Una de las ideas que más me interesó durante la discusión fue la diferencia entre usar una tecnología y tenerla disponible. La decisión de activar la eConsulta corresponde al centro; después, los profesionales deben ofrecerla y los pacientes aceptarla. Por eso, el efecto de la disponibilidad es probablemente más modesto que el efecto entre quienes realmente la utilizan, pero también responde mejor a la pregunta que puede plantearse una administración sanitaria: ¿qué ocurre cuando incorporamos esta herramienta a la práctica habitual?

Alessio Gaggero (Universidad de Granada) comentando el trabajo de Toni Mora y colegas en el XV Taller EvaluAES

También importa el nivel al que evaluamos sus efectos. Una visita presencial evitada puede dejar un hueco vacío, pero también liberar tiempo para otro paciente, reducir esperas o permitir una atención más compleja con los mismos recursos. La eficiencia no siempre se observa sumando contactos individuales; a veces aparece en la reorganización del centro y en la forma en que se distribuye la capacidad asistencial.

La parte de aprendizaje por refuerzo abre otra posibilidad: orientar la teleconsulta hacia los grupos para quienes parece más útil. Pero, como señala el propio trabajo, esa regla debe entenderse como una hipótesis para evaluar, no como una recomendación lista para aplicarse. Antes de utilizarla sería necesario validarla prospectivamente y comprobar sus efectos sobre la equidad.

Me quedé, sobre todo, con una lección metodológica. En evaluación, reconocer que un resultado es modesto o estadísticamente frágil no debilita necesariamente el trabajo. Puede hacerlo más útil. El siguiente paso será comprobar si esta sustitución lenta mantiene o mejora la calidad asistencial, el control de las enfermedades crónicas y los resultados de salud.

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