Hay personas que dejan huella por lo que hacen, y otras que, además, la dejan por cómo son. Lluís Segú pertenece, sin duda, a este segundo grupo. Su trayectoria profesional en el ámbito de la economía de la salud y la gestión sanitaria es ampliamente reconocida, pero lo que emerge con más fuerza al recordar su figura es su humanidad, su generosidad, su rigor intelectual y un sentido del humor omnipresente.
Este texto quiere ser un pequeño homenaje colectivo. Las palabras que siguen, escritas por personas que compartieron con él caminos profesionales y personales, recogen miradas diversas, pero profundamente coincidentes sobre quién era Lluís. Son testimonios que, desde el afecto y el respeto, nos ayudan a comprender la dimensión de una persona que supo combinar excelencia profesional y calidad humana de una manera poco habitual. Y, aun así, al intentar describirlo, uno tiene la sensación de que nada es suficiente.

Testimonio de Antoni Gilabert. Lluís, amigo y maestro. Cuántos buenos recuerdos y situaciones vividas. El Gasto Máximo Asumible (Despesa Màxima Assumible-DMA), los debates compartidos, “dónde está la bolita”, las ideas en servilletas de papel, los desayunos de cuchillo y tenedor, Espot, … y dos cosas inolvidables: 1) El viaje a El Salvador para el curso de gestores el día que los cesaban por cambio de Gobierno, cantando con lágrimas en los ojos el himno del Instituto Salvadoreño del Seguro Social (solo nosotros sabemos lo que vivimos aquellos días hospedados en el hotel sede del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional cuando ganaron las elecciones), y 2) haber podido compartir contigo la intimidad de los días difíciles de tu dolencia. Y nos quedó una cosa pendiente: nuestro viaje a tu Grecia querida. Si, Lluís, “trobarem a faltar el teu somriure…”.
Testimonio de Arantxa Catalán. Inteligente, inquieto, leal, trabajador, visionario, confiable, carismático, auténtico… Lluís tenía muchas cualidades que glosar, pero hoy rememoro la complicidad profesional que nos ha unido desde hace 35 años.
Siempre a mi lado, Lluís abrazó con entusiasmo el despegue de la Farmacia de Atención Primaria en los 90 y a él recurrimos años después para elaborar el Plan Estratégico de SEFAP o posicionamientos como La Gestión Farmacoterapéutica Integrada.
Siempre a mi lado, y ya en AQuAS, disfrutamos organizando un piloto de evaluación económica de medicamentos con la Comissió d’Avaluació Econòmica i d’Impacte Pressupostari del CatSalut (CAEIP). Inolvidables sus reuniones y el conocimiento que Lluís contribuyó a generar en Cataluña sobre instrumentos para la incorporación de la evaluación económica, el impacto presupuestario y los esquemas de pago por resultados en el servicio catalán de salud y en España.
Siempre a mi lado, firmó los mejores proyectos impulsados en mi paso por Sanofi como el New Models to Integrate Innovative Medicines o la Gestión de Medicamentos Orientada al Valor. Apasionado lector de novela negra, le entusiasmaban las intrigas de Dolores Redondo en el Valle del Baztán (Navarra). De nuevo muy cerca, en mi tierra.
Testimonio de Cristina Espinosa. Durante mi etapa en CatSalut, tuve la oportunidad de vivir de primera mano el trabajo de Lluís para definir los criterios de aplicación de los esquemas de pago por resultados. Su capacidad para trasladar el conocimiento académico a la práctica real era digna de admiración: convertía lo difícil en fácil y lo hacía con una humildad absoluta. Otro momento clave fue cuando, junto a Max, Lluís me propuso trabajar con ellos. Aceptar esa invitación se convirtió en una de las mejores elecciones de mi vida. Fue todo un privilegio trabajar a su lado, escucharle, aprender de él y reír a carcajadas cada vez que entraba en la oficina alborotando al equipo. En nuestra última conversación, pocos días antes de su partida, me preguntó con cariño: «Niña, ¿tú estás bien?» Generoso hasta el último aliento.
Testimonio de Félix Lobo. Mi relación con Lluís fue en intervalos separados, no muy prolongados. Pero enseguida desarrollamos una simpatía y complicidad mutua que hacían que al verle de nuevo siempre se dibujara una amplia sonrisa en mi cara. Convivimos intensamente en la República Dominicana; creo recordar que en dos misiones distintas. Allí tuve ocasión de apreciar su bonhomía, su alegría y su sentido del humor, tan universalmente reconocidos. Su capacidad profesional siempre me admiró y aprendí mucho de sus conocimientos y de su certero juicio. La ayuda que en 2023 proporcionó al Comité Asesor de la Prestación Farmacéutica, que yo tenía el honor de presidir, para redactar la Guía de evaluación económica y otros documentos, fue inestimable y su huella es bien visible en ellos. Su marcha definitiva me ha causado una gran tristeza, pero al mismo tiempo me considero muy afortunado de que se cruzara en mi camino.
Testimonio de Jaume Puig-Junoy. Ningún currículum puede hacer justicia a la contribución profesional del Segú. Si hubiera sido actor, sería de esa raza escasa que cuando sale a escena llena y eclipsa la sala contagiando al espectador con informalidad y risa generosa, y todo con el más absoluto rigor interpretativo. Un privilegio que haya sido uno de mis pocos y mejores amigos. Este es, en parte, el Segú referente con quien, por suerte, he compartido encargos y me ha ayudado a aterrizar la teoría en la realidad durante tres décadas: consultor internacional (Panamá, Brasil y Costa Rica); asesor del sector público y privado “perpetrando” guías de evaluación económica, impacto presupuestario y acuerdos de riesgo compartido; y docente con dotes de actor creando el mejor curso de gestión del medicamento que conozco.
Testimonio de Joan Simonet. De septiembre 79 a noviembre 25, todo un camino jalonado de abrazos, risas, lloros, alegrías, tristezas, nacimientos, bodas, fiestas, cocinas e ideas. Lejos quedan aquellos fines de semana en los que seguíamos a Gato Pérez por barrios de una Barcelona abierta a los 80, pero aún en el recuerdo de la última comida que preparó en su casa, pocos meses atrás. Su inteligencia, sus amigos la dábamos por descontada, flotaba en el ambiente, de allí emanaba su gran generosidad ante cualquier situación y su capacidad de análisis. La transversalidad y una visión compartida hacia un objetivo común eran rasgos que lo definían en múltiples conversaciones en el primer dedo de la antigua Hellas; algunas de estas conversaciones fueron el embrión de un gran proyecto de colaboración de Atención Primaria y Oficinas de Farmacia Comunitaria, que ahora es realidad.
Testimonio de Juan Oliva. Afirman los expertos en neurociencias que puedes sentir atracción inmediata por una persona en 200 milisegundos. Creo que aplica al caso. Cuando te conocí, el flechazo fue inmediato. Luego vinieron el trabajo, las conversaciones, tu sentido del humor, tu lucidez, tu humanidad, tu optimismo, pese a todo…, el enamoramiento y la consolidación, vaya. Y, en los últimos tiempos, tu dignidad ante la enfermedad. Y los romanos. Nos gustaban mucho los romanos. Nos divertía escribir o llamarnos y recitar pasajes de Gladiator. Uno en particular, una arenga del general antes de la batalla, lo repetíamos bastante: “Si os veis cabalgando solos por verdes prados, el rostro bañado por el sol, que no os cause temor… ¡Estaréis en el Elíseo, y ya habréis muerto!” Lluís, allá donde te encuentres, ojalá la luz acaricie tu rostro. Cuando, entre nubarrones, llega al mío, mi recuerdo te toca, amigo.
Testimonio de Olga Pané. Conocí a Lluís Segú en el marco de los trabajos del primer Plan de Salud de Catalunya. Imposible ignorarlo. En las reuniones destacaba por la inteligencia y utilidad de sus aportaciones, pero sobre todo por ese humor socarrón. Su inconfundible risa, rematando todas sus intervenciones, distendían cualquier desencuentro y propiciaban los acuerdos. Lo recuerdo con su andar desgarbado recorriendo Latinoamérica, incansable en su afán de transferir conocimiento y experiencias a países y sociedades. Su generosidad intelectual, su indignación y compasión por la escasez que impregnaba las ciudades y barrios que recorrimos, contrastaban con la alegría y el extraordinario rigor con que impartía sesiones y talleres. Alegría y rigor, sí, así era Lluís. No recuerdo sesión alguna que impartiera Lluís que no estuviera repleta de asistentes entusiastas.
Testimonio de Ricard Meneu. Se ha recordado la contribución de Lluís Segú en diferentes ámbitos de la gestión sanitaria, su bonhomía y su vitalismo, pero aun reconociendo todas esas facetas de su poliédrica personalidad quisiera recuperar un aspecto poco apreciado en estos tiempos, su honestidad. Intelectual y profesional, obviamente, pero sobre todo personal. Pese a su temperamento estentóreo, desaforado, seductor y alegre, no se permitía engatusar a sus apreciados con embelecos trileros. No olvidaré la mañana que apareció en mi despacho y me “invitó” a dar una conferencia en Río de Janeiro. Aún no había acabado la frase cuando, a pesar de mi visible expresión de contento, cambió el tono y dijo “Tío, no te voy a engañar, la organizadora nos ha pedido que como introducción vayas a contar tu capítulo de este libro, y si no te llevo tenemos el contrato difícil”. !!Impagable!!!!
Testimonio de Salvador Peiró. Lluís Segú ha sido (y seguramente sigue siendo) una figura relevante para orientar muchos aspectos de gestión de la prestación farmacéutica. No solo para los farmacéuticos, sino para todos los que de una u otra forma hemos participado en ese complejo entramado de intereses, gestión e impacto en salud que es el mundo del medicamento. Su mirada, siempre precisa, siempre práctica, ayudaba a clarear las cuestiones espinosas y, sobre todo, a aterrizarlas en la microgestión.
Pero cuando pienso en Lluís, lo primero que me viene es su risa. La recuerdo, su risa, en Cádiz. Debía de ser 2003. Ricard Meneu y yo trabajábamos en Elementos para la gestión de la prescripción y la prestación farmacéutica, aquel libro de la colección de Masson dirigida por Vicente Ortún en el que Lluís firmó un capítulo que fue, y sigue siendo, de referencia. También empezábamos la aventura de publicar la revista Gestión Clínica y Sanitaria, donde fue colaborador habitual. Y coincidimos unos días (y unas noches) en las XXIII Jornadas de Economía de la Salud. Ellos, Ricard y Lluís, poseían una resistencia nocturna que yo nunca alcancé. No recuerdo de qué hablábamos (la verdad es que ya no recordaba nada al día siguiente). Pero sí nos veo sentados en aquel chiringuito en Playa Victoria. Y oigo aquella risa. Constante, vital, abierta. Estruendosa. Todavía contagiosa.
Para mí fue mucho más que un referente profesional: un mentor, un guía y, en muchos momentos, un consejo cercano casi paternal. Siempre lo llevaré conmigo (Marta Trapero).
Supe que la amistad con Lluís sería distinta el día que nos partimos de risa después de despistarnos y no acudir, ninguno de los dos, a una cita para comer. Fue primero un maestro, luego colega, más tarde socio y siempre un amigo irreemplazable (Max Brosa).
Entre las palabras recogidas en este homenaje aparecen, de manera recurrente, el rigor profesional, la capacidad de análisis, la voluntad de transferir conocimiento y de hacerlo útil, pero también —y, sobre todo— su generosidad, su honestidad y una forma de entender la vida y el trabajo basada en el compromiso y la proximidad.
Este recuerdo compartido encuentra también eco en las palabras de su familia. Tal y como expresa su esposa, en nombre propio y de sus hijas, ha sido un honor recibir tantas muestras de afecto, respeto y amistad. Todos quienes le conocieron se llevan consigo una parte de él —afecto, complicidad, risas—, reflejo de una vida profundamente compartida. Como ella misma señala, quienes le acompañasteis fuisteis una parte muy importante de su vida, porque la alegría de vivir también tiene que ver con las personas con las que se recorre el camino.
Lluís deja un legado sólido en el ámbito de la economía de la salud y la gestión sanitaria, pero también una huella profunda en todas las personas que tuvieron la suerte de compartir camino con él. Este recuerdo compartido, hecho de vivencias, aprendizajes y momentos vividos, es, quizá, la mejor manera de mantenerlo presente.

